miércoles, 2 de septiembre de 2009

Tiempos.


Cuando la solidez del tiempo
nos enseña que estamos enterrando años,
el porvenir enojado
se planta delante de nuestra ventana
para ver como
de tanto ahogarnos, aprendemos a nadar.

Mientras tanto,
el hoy nos mira impertérrito.
Cuestión de tiempo.

(Imagen: efervescente)

lunes, 24 de agosto de 2009

Justificación


Saltémonos elegantemente
la trivialidad de las justificaciones.
No digamos que lo necesité
y no podía dejarlo.
Volvamos a nuestros asuntos
como si nada me hubiera pasado,
como si al encontrarte
no hubiese dejado de vagar mi mirada perdida
o como si al descubrir que tus ojos
están abiertos
no hubiera abierto a ti los míos.
Saltémonos elegantemente
la trivialidad de las justificaciones
pues yo
soy el deseo en mí mismo.

(Imagen: hay miradas tan intensas que no se pueden retratar)

sábado, 15 de agosto de 2009

Ecos.


El eco de tus suspiros
retumba por mis adentros.
Ardí
y sigo ardiendo.
Que estúpido fue
medir mis puños con Eros.
Ahora siento tu ausencia,
y me quemo.
Que difícil entender
lo que sin hablar estoy diciendo.
(dibujo de Pat Andrea
para una deliciosa edición de
Las flores del mal)

miércoles, 12 de agosto de 2009

Propiedad conmutativa


Me gustan tus ojos porque me recuerdan el mar.
Me gusta el mar porque me recuerda a tus ojos.
(Imagen del mar. O de los ojos de mi marido)
sigo de vacaciones, entrada programada.

viernes, 7 de agosto de 2009

Antojo


Lo imagino enseguida.
La suntuosidad del movimiento
morder la esencia de la carne
gritar de gozo como una perra
el fluir de tu esperma en un suspiro hondo.
Lo imagino enseguida
y se me antoja todo.

(imagen de una cuerda que tambien se me antoja)

sábado, 25 de julio de 2009

Ritual.


Cerró la puerta de la entrada con un golpe de cadera y llegó hasta la cocina desprendiéndose de la ropa. Según pasó por el baño abrió el grifo del agua caliente, puso el tapón y vertió un puñado de sales en el fondo de la bañera. Descolgó los teléfonos y encendió el equipo de música, colocó unas cuantas velas sobre el lavabo y sobre el aparador de las toallas. Giró la llave del grifo y se sumergió en el agua. Con cuidado de que la espuma no mojara el poemario, leyó unos versos mientras el cuerpo se iba entonando. Tanto deleite sólo podía mejorarse con un cigarro, pero después de haber dejado de fumar hacía casi tres años, disfrutó del culmen del placer enredando entre sus piernas, con la ducha y con las manos. Ni siquiera necesitó que tu, la estuvieras susurrando.

Me marcho de vacaciones... nos vemos de cuando en cuando.