Cerró la puerta de la entrada con un golpe de cadera y llegó hasta la cocina desprendiéndose de la ropa. Según pasó por el baño abrió el grifo del agua caliente, puso el tapón y vertió un puñado de sales en el fondo de la bañera. Descolgó los teléfonos y encendió el equipo de música, colocó unas cuantas velas sobre el lavabo y sobre el aparador de las toallas. Giró la llave del grifo y se sumergió en el agua. Con cuidado de que la espuma no mojara el poemario, leyó unos versos mientras el cuerpo se iba entonando. Tanto deleite sólo podía mejorarse con un cigarro, pero después de haber dejado de fumar hacía casi tres años, disfrutó del culmen del placer enredando entre sus piernas, con la ducha y con las manos. Ni siquiera necesitó que tu, la estuvieras susurrando.
Me marcho de vacaciones... nos vemos de cuando en cuando.