martes, 14 de septiembre de 2010

Dicen que el mar está lleno de lágrimas


La concentración de oxigeno en el aire la asfixiaba. La dolían los pulmones, deseó tener branquias. Era el momento. Era el amanecer en plena noche. Decidió que serían sólo dos minutos. Apenas consiguió que fueran veinte segundos los que se entregó desnuda al sueño. No consiguió abandonar en el mar la nostalgia. Había demasiada concentración de sal en el agua.