jueves, 18 de septiembre de 2008

Sonrisas, palabras.

Siempre hemos oído hablar de las virtudes del sonreír y seguro que mas de una vez nos hemos encontrado con un papel pegado en alguna puerta con párrafos así: La sonrisa no cuesta nada y produce mucho, que enriquece al que la recibe sin empobrecer al que la da, que sin durar mas que un instante permanecer eterna en el recuerdo… Normalmente lo lees y lo olvidas. Soy una persona que cree en la importancia de las sonrisas y hay una que tengo clavada aún no se dónde. Una sonrisa reciproca y compartida. Estaba asustada y nerviosa, sentada sobre una mesa esperando a que saliesen para darme un parte médico, rodeada de desconocidos. Esa gente se apartó para dejar paso a una camilla en la que transportaban a un hombre moreno que estaba muy pálido. Su pelo era fuerte y tupido, como su oscura barba, estaba tapado con la sábana hasta el cuello y tenían algunos goteros colgando. Apenas serían diez segundos los que nos quedamos mirando. Sus ojos eran dos bolas negras, imposible distinguir el iris del cristalino. Nos quedamos fijos el uno en el otro. Supongo que nos reconocimos igual de asustados. Nos sonreímos, no se quien tenía mas miedo. Desapareció en el ascensor. Esa ha sido una de las sonrisas mas reconfortantes que me han regalado y creo que también para él lo fue la mía. Hay veces que sin acercarse ni decir nada, un desconocido puede abrazarte.

¡Sonríe!

1 comentario:

Hécate dijo...

¿Cuánto vale una simple sonrisa?
Por lo que vemos en el día a día, debe valer un montón, porque hay que ver el trabajo que nos cuesta darla.
Un saludo cordial.